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Kakebo, o el arte japonés de la economía doméstica

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La mitología griega nos cuenta la leyenda (o más bien mito) de Sísifo. En resumen, podemos decir que lo que le sucedió al desventurado Rey de Éfira fue que, tras engañar a los Dioses para que le permitiesen escapar del inframundo, Sísifo fue condenado a volver al Hades. En su tradicional línea de ironía a la hora de encomendar pruebas a los héroes, Sísifo fue obligado a empujar montaña arriba, día tras día, una enorme roca sólo para contemplar cómo, al llegar a la cima, ésta roca volvía a caer ladera abajo dejando a Sísifo con otra extenuante jornada por delante.

Más si cabe en los tiempos que corren, la economía doméstica hace que muchos de nosotros nos sintamos como Sísifo, teniendo que cargar mes tras mes con la pesada roca de los gastos fijos para, en ocasiones, ver como nuestro presupuesto rueda monte abajo sin poder evitarlo. De manera intuitiva, muchas personas logran cuadrar el presupuesto “de cabeza”. Sin embargo, las ayudas externas nunca están de más. Esa es, probablemente, la razón que ha convertido el Kakebo, en sus diversas manifestaciones, en un auténtico fenómeno de ventas.

El triunfo del sentido común

A Yukio Mishima, Murakami y otras “exportaciones” literarias niponas como “El Arte de la Guerra” de Sun Tzu o el “Bushido” se une desde hace años el Kakebo, una obra que, curiosamente, no tiene autor. O, precisando, tiene en millones de esforzados y ahorradores japoneses a sus autores. Y es que este “cuaderno de cuentas doméstico” (eso, literalmente, significa Kakebo) editado en nuestro país por Blackie Books no es más que una versión moderna de los libros donde las familias japonesas anotan sus ingresos y gastos fijos mensuales desde hace décadas. La obra pone a disposición del lector distintas tablas en las que obtener el remanente que resulta de restar ingresos y gastos. De una manera lógica y terriblemente visual, el usuario sabe cuánto puede destinar en lo que queda del mes a ocio y diversión, cultura, supervivencia o extras y distribuirlo semanalmente como más le convenga.

Del mismo modo que el Ikebana y el origami, el arte japonés del ahorro se fundamenta en el amor por el detalle. En este sentido, el ahorrador tendrá más éxito cuanto más cuidadoso y exhaustivo sea en la anotación de sus gastos, por muy nimios e insignificantes que parezcan. Y es que si esta obra nos enseña algo es la cantidad de cosas que restan dinero de nuestras arcas sin que tan siquiera nos demos cuenta.

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